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La muerte del puro

Nace para adueñarse de la boca; nace para usurparnos el aliento; nace para quemarnos el momento; nace en la torcedura, y nos provoca. Archiduque de manto que aventaja y arrogante nos dice de su alcurnia, que encendido, despliega la saturnia; apagado, le cubre la mortaja. Abandonar al puro con su muerte es el voto a cumplir, que no revierte, y no acusa culpables por ausencia. El pedazo del puro, no fumado, sufre el axioma escrito por el hado: «¡La agonía enaltece la paciencia!»

Aporofobia

La inopia canaliza la vergüenza, imponiendo la vida con estruendos; quien la prevé, se espanta… luego piensa: —Que nadie me descubra con remiendos. La pancarpia dorada, que a Chocano, cincelada en la gloria — por sus rimas—,  revuelve su carácter por lo vano al sublimarlo a descollantes cimas. Habitando en Santiago, se amilana:   — ¡ V iolentan mi existencia cortesana!, ¿ releg o , acaso, antaña ceremonia?   Aleja de su casa toda hiel, y de su frente el rastro. T estimonia: —Hubo oro donde tizna el oropel. La aporofobia (del griego άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre; y φόβος, (-fobos), miedo) es una fobia que representa el miedo hacia la pobreza o a los pobres. Aunque también puede interpretarse como la repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos o el desamparado. Este neologismo, a pesar de no estar incluido en el Diccionario de la Real Academia Española, es usado en algunas publicaciones y existen grupos que piden que sea incorpora...

Arrebato

Las Furias entusiasman a Chocano, —entes que merodean la ofensiva—, dejándole al liróforo en la mano el dicterio que aniebla la misiva. El honor es un yunque ante el azote, que si bien sobrelleva tal crujido, no es capaz, aunque sea buen lingote, de acallar , de los aires, el chirrido. Abre la calle campo a la reyerta, cuando, deliberado, se rebaja, un sopapo hacia el rostro, que despierta la ira, promoto ra de amargura: Turba la mano en garra a la cintura , y hacia el pecho, indefenso, descerraja.

Coronación

Bajo el domo en que duermen los titanes, como quien añacea el mal del Cristo, se amontona un tropel de charlatanes queriendo encopetar lo nunca v isto . Hacen del mármol roña de la urna y de la sombra raptan la osamenta. Es la hora saturnina y la nocturna cuando el señor blasfemo se contenta. Quien conduce la luna blanquecina es Oya, la deidad, que, ante La Parca , cual antorcha mortuoria la ilumina. El Palo, come h uesos, rige el culto, y avasallando el nicho con su marca, despoja el corazón del insepulto.  

De un héroe en desgracia

En un rincón de la mazmorra, un 1pardo, de 2galón invicto, con la desgracia se atiborra; ¿vislumbra, acaso, el veredicto? Obtuvo renombre y aprecio al arrojarse formidable —¡sin tasar de la lucha el precio!—, desbordado el hombro y el sable. El bravo disiente el perjurio tramado por altos patriarcas, quienes ajustan el augurio. Desdeñan sus aptas acciones, cuyas bases forjan naciones, por no pactar con heresiarcas. (La audacia no depura al héroe. Si el barullo le da el asomo acaba muerto por el plomo). ______________________________________________ 1 adj. Ven. p. us. Mulato (‖ nacido de negro y blanca, o de blanco y negra). U. m. c. s. 2 m. Distintivo que llevan en el brazo o en la bocamanga diferentes clases del Ejército o de cualquier otra fuerza organizada militarmente, hasta el coronel inclusive.

La última tarde del héroe

C Al L.S.B. Elevada la fiebre, minora al capitán, alguna vez, armígero, de casaca gloriosa —la empolvaba en la lid en contra del gañán—; ahora, engurruñada, en la silla reposa. La camisa que lleva, es su última camisa; los nobles, al costado, son su último costado; la tropa… ¿dónde está,  que no adviene o prioriza su semblante o dolor por quien traspuso el hado? No habrá sables ni choques, para quien, el mañana, no obtiene por cansancio, sino por una tregua, que conduce las marchas de obnubilada legua. La tarde, es una tarde cuales otras caídas; a esta hora el aire da espacio a lo que emana; se olvidan, se repudian , las audacias vividas.

La 1montonera triunfal

Toman los intrépidos el camino hacia la villa, vénse los pedruscos que erigían una torre, trazas por disparos en la lóbrega capilla . ¡ C iénagas de sangre! ¡Agonía que socorre! Liaron el combate. Se distinguen los laureles sobre sus hombreras desteñidas y rasgadas; pocos los librados: entre 2 quintos y corceles . D iáspora marcial que acantona entre fachadas. Hálito y sereno se armonizan con las quejas ásperas que callan el suplicio de la bruma; junto a la cansina, el espíritu se 3 arruma. ¡Muere el general! , y con éste la hidalguía; c argan con el cuerpo, a través de las callejas, hacia la hondonada... Taciturna a la here j ía . 1.  Hispam. Partida de rebeldes. 2.  Mozo procedente de las quintas, recién ingresado en el servicio militar. Soldado. Recluta. 3. Amontonar. Tetradecasílabo trocaico. Esquema acentual:  óo oo óo : oo óo oo óo