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La muerte del puro




Nace para adueñarse de la boca;
nace para usurparnos el aliento;
nace para quemarnos el momento;
nace en la torcedura, y nos provoca.

Archiduque de manto que aventaja
y arrogante nos dice de su alcurnia,
que encendido, despliega la saturnia;
apagado, le cubre la mortaja.

Abandonar al puro con su muerte
es el voto a cumplir, que no revierte,
y no acusa culpables por ausencia.

El pedazo del puro, no fumado,
sufre el axioma escrito por el hado:
«¡La agonía enaltece la paciencia!»



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