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S.S del pesar

Alfileres me punzan la espalda fría Agujas me lesionan el lomo coagulado Abandonado y solo Gris y vacío ¿A dónde fueron a irse optimismo y mediodía? ¿por qué me llegan desconsuelo y tiniebla? Me doblego por cardones en mis uñas en mi cuerpo por espinas me derrumbo ¿Veré la semana cuando maduran las hortalizas?... ¡no creo durar hasta los retoños!

S.S. de la derrota

¿Quiénes vendrán a mi funeral? El cuervo y el zamuro ¿Nadie de luz o guitarra? Quizá un músico y su licor ¿Qué se escribiría en mi lápida? Derrota o extravío Aquello será un día escueto una tertulia con nubes desmedidas No habrá renacimiento sino el orín no habrá guayabas No se olerá el mastranto tampoco el humus Sino la podre

A Páez en las Queseras del Medio

Por el Arauca gira hacia la lucha como soltando nudos de un guaral descuidado, sacude al río-obstáculo con maña triturando el pedrusco del estero. Páez carga la pólvora, el alcance en su pica, para situar el rumbo con nervio de erupción; quiere arrancar la ortiga de su granja que desde siempre estuvo tupiendo la parcela. Todo centauro surge del estruendo, del fuego, para lograr la plaza abundante de cosmos y colmar las semanas de primavera y triunfo. Sorprende y se apodera del suelo abarrotado, mas el rival dormido desnuda de su espada, y Queseras del Medio se hace cifra en Apure.

La reina del guácharo

Urimare es sonido colgado por los valles, amanecer en las rocas tendidas en la trocha, altura de moriche desnudando el enigma, alegría frecuente degollando la pena. Urimare alza el muslo para encender el cerro cuando modera el sol su feria de alfileres, de su seno propone gracias para la gruta donde dolor y lloro propagan la leyenda. Se cubre con la niebla, quebranta como espíritu espesura y barranco, su pelo trenza palmas… alcanza los chamizos donde flota la insignia; se detiene, respira, palpa su corazón para hallar la defensa que estuvo circundada… y allegado el Cacique la guarda como germen.

A José Antonio Ramos Sucre

Te adjudicas maldito yendo al templo luctuoso, te ocultas en la noche como fantasma incierto, bebes de la tragedia la botella más agria, asumes tal pobreza dentro del cuarto noble. ¿En cuál pantano o miasma se extraviaron tus ánimos?, ¿con cuáles reciedumbres diste acción a tus hombros?, ¿por qué cubrir los cardos en el huerto de peras?, si nunca sedujiste ¿por qué turbaste en multas? Se perdieron tus siestas en la cama adecuada, como miembro inservible que no apoya la mesa en la hora del almuerzo, junto a frutas y granos. La calleja sin gente condescendió tu fiebre, alargando la acera donde tu pensamiento, lentamente sudaba hasta colmarse en muerte.

Para Andrés Eloy Blanco en la cárcel

¡Palmero denostado por el peso del frío!, ¡patriarca fulminado para penar en noches!, ¡elemento añadido para mezclar el charco!, ¡poeta blasfemado por el puño del guardia! Detrás de los barrotes hurgaste entre guayabas, y nunca hubo desfalco del rostro del destello que entraba como espada para animar tu traje roído por la lágrima, vencido por el cardo. Ordenaste el desorden con muebles de tu sala, y calentaste el pecho con abrigo del frío, como única partícula para tejer el sueño. El lápiz en la agenda vino a marcar semanas que poco a poco hicieron la verdad de tus días hasta complementar la gracia en tu desgracia.