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A Páez en las Queseras del Medio

Por el Arauca gira hacia la lucha como soltando nudos de un guaral descuidado, sacude al río-obstáculo con maña triturando el pedrusco del estero. Páez carga la pólvora, el alcance en su pica, para situar el rumbo con nervio de erupción; quiere arrancar la ortiga de su granja que desde siempre estuvo tupiendo la parcela. Todo centauro surge del estruendo, del fuego, para lograr la plaza abundante de cosmos y colmar las semanas de primavera y triunfo. Sorprende y se apodera del suelo abarrotado, mas el rival dormido desnuda de su espada, y Queseras del Medio se hace cifra en Apure.

La reina del guácharo

Urimare es sonido colgado por los valles, amanecer en las rocas tendidas en la trocha, altura de moriche desnudando el enigma, alegría frecuente degollando la pena. Urimare alza el muslo para encender el cerro cuando modera el sol su feria de alfileres, de su seno propone gracias para la gruta donde dolor y lloro propagan la leyenda. Se cubre con la niebla, quebranta como espíritu espesura y barranco, su pelo trenza palmas… alcanza los chamizos donde flota la insignia; se detiene, respira, palpa su corazón para hallar la defensa que estuvo circundada… y allegado el Cacique la guarda como germen.

A José Antonio Ramos Sucre

Te adjudicas maldito yendo al templo luctuoso, te ocultas en la noche como fantasma incierto, bebes de la tragedia la botella más agria, asumes tal pobreza dentro del cuarto noble. ¿En cuál pantano o miasma se extraviaron tus ánimos?, ¿con cuáles reciedumbres diste acción a tus hombros?, ¿por qué cubrir los cardos en el huerto de peras?, si nunca sedujiste ¿por qué turbaste en multas? Se perdieron tus siestas en la cama adecuada, como miembro inservible que no apoya la mesa en la hora del almuerzo, junto a frutas y granos. La calleja sin gente condescendió tu fiebre, alargando la acera donde tu pensamiento, lentamente sudaba hasta colmarse en muerte.

Para Andrés Eloy Blanco en la cárcel

¡Palmero denostado por el peso del frío!, ¡patriarca fulminado para penar en noches!, ¡elemento añadido para mezclar el charco!, ¡poeta blasfemado por el puño del guardia! Detrás de los barrotes hurgaste entre guayabas, y nunca hubo desfalco del rostro del destello que entraba como espada para animar tu traje roído por la lágrima, vencido por el cardo. Ordenaste el desorden con muebles de tu sala, y calentaste el pecho con abrigo del frío, como única partícula para tejer el sueño. El lápiz en la agenda vino a marcar semanas que poco a poco hicieron la verdad de tus días hasta complementar la gracia en tu desgracia.

Solo pongo mi cuota

Obrero del silicio, precursor del camino, artesano del leño con manos de avanzada galán del perejil del huerto adelantado, patriarca y propietario de los invernaderos. Asumo cada verso guardado en esta cesta y oportuno al mercado para clientelas ávidas; justifico esta escoba para el piso mugriento y barrer la penumbra cagada por la noche. Para ti, de mi pecho, minerales inéditos que me fueron cedidos para que se supieran como el meteorito quemando la galaxia. Digiérelos cual pan puesto para la cena, o sin dilema, arrójalos al pote de basura… Sólo pongo mi cuota para colmar el vaso.

Se le vio junto al olmo

Antonio Machado Se le vio junto al olmo palpando sus raíces; comprobó del crepúsculo su comarca de vino; del mar -la gran mochila-, su embestida de plomo; y de aquellas tabernas bebió licor andaluz. Sacerdote expresivo, duplicaste la encina para obrar su madera dándola a los estantes, como caudal, fortuna, de la tierra asombrosa; para ti la aureola, la espiga, la cebada. Del río fue a emerger tu cintura metálica, tu cuello de infinito, para darle al sendero la pisada absoluta del viandante y su báculo. Nunca diste el sombrero para estiaje y fracaso, sino que lo otorgaste para elevar el gránulo que concebía el árbol de libros y corbatas.  

Arroja sus saetas

Federico García Lorca Arroja sus saetas este Hércules hispano desde su torreón hecho de piedra indómita, su boca aporta olivas ansiadas por el crimen, sus manos van al día con la escardilla encima. Se tercia la guitarra con sonrisa y avena; hace geometría con la fuerza del muslo; a la luna de estaño la mira con su canto; bebe del río intenso, jugo de Andalucía. Federico es tan útil como la hoz en verano recortando los tallos que darán a la boca pan imperecedero, y platos abismales. Federico es tan frágil como taza de barro dispuesta en el mesón a punto de quebrarse… Y fueron a quebrarlo junto aquellas raíces.