Ir al contenido principal

MISTER RAVEN - A Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

Acá te manifiestas hurgándote las noches
sujetas a tus hombros –candiles trasnochados
que lanzan luz revuelta por la calle de ortigas-;
¡Hortelano en invierno padeciendo tormentas!

Cayó en ti la fortuna del pan perecedero,
los martirios que al alma revierten la moneda,
la talega roída que no guarda ni polvo,
el beso de la amante que tampoco se obtuvo.

El estrago fue un cuervo ruinoso e insistente
pernoctando en tus ojos, como aquél arrebato
que no se solicita ni produce algún mérito.

Escribo estas palabras para que no sofoques
ese viaje maldito que plagó tus semanas.
¡Con la muerte habitaste decretando su infamia!


Comentarios

Entradas populares de este blog

Estela en la madrugada de un domingo

José Asunción Silva «Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado». Napoleón I J.A.S. ¡Oh, mortal corazón!, ¡órgano herido!, ¡masa del trance!, ¡oculto Jeremías!, cuco al que le oprobiaron el gruñido de su inflexión por laicas melodías. 1 Elvira, sin querer, quebró tu fuego; o salpicó la inopia en la solapa, ―derruyendo la torre que alza el ego―; o la empresa jamás venció la etapa. Bogotá distendía blanca rosa, como el óbice que a la duda aparta e invita al tiempo en ahondar la fosa. Aquel domingo, un golpe de metales, te violó el pecho, justo en la pancarta. ¡El quebranto, ¡por fin!, saldó tus males!

Estela en las alturas de Ginebra

José Antonio Ramos Sucre « Siempre es consolador pensar en el suicidio: de este modo se puede sobrellevar más de una mala noche » . Friedrich Nietzsche ¿Por qué la sal, ─ ¡la dura sal! ─ , desnuda su brazo apocalíptico en los seres, cuando la noche pacta testaruda e inmoral, con distintos luciferes? Esos párpados, ¿qué han perdido, Antonio? ¿El barbitúrico ampliará la mano hacia el buró, dejando el testimonio de tu sombrío pulso de escribano? Lejos queda, en penumbras, el hogar. Hará Ginebra de espaciales cimas, el hoyo a la lumbrera tutelar. Hipnos duda, dejándole el empeño a Tánatos, que toca con estimas y con plumas, quien ha perdido el sueño.

Violín roto

GNB con el violín roto ¿Quién armó aquella diestra? ¡El dios Apolo! No creyendo en la gala cinegética,  quiso pactar exacto protocolo levando al músico a devota estética.   Ante el bochinche el joven irguió el arco; el perdigón obvió, también los gases. No fuera, en demasía, verse parco, sus dedos restalló con los compases. Mas, entre nota y nota, Fechoría cínica fue, traspuso la protesta para atentar de frente la harmonía. Suelta del diapasón la tirantez el treno fue la lágrima compuesta que el violinista dedicó al soez.