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Soneto a Ruben Darío

Ruben Darío Con motivo a ciertos eventos anteriores a la escritura del poema Salutación del Optimista Cuando el Príncipe vaga, su facundia no tiene volumen, es un cisne sin plumas que no ansía calar por el cielo, es obtuso su lápiz, pues la causa no acierta en el numen; individuo indolente que se anima abismado en el suelo. Elevó la promesa en un tiempo en que Hispania buscaba escuchar el estímulo que menguara el morrión ofendido: aquel Hierro del Norte reducía la póstuma aldaba con el guante de Marte, como quien desespera encendido. No obstante, Poesía, ¡nunca cede en minutos históricos!, y forjada la Estrofa hechizó todo aquél Ateneo. Pero en los corredores la evidencia de varios teóricos precisan con su letra, que el rapsoda bribón y bellaco con un nicho de penas —intentona de darle al falseo—, ingería unas onzas del eufórico y burdo de Baco. (13 feb 2.015)

Soneto Para Las Malvinas

Las Malvinas Quien te nombra con flores brotadas de su boca no ha olvidado tus costas: ¡musgo alejado y vivo!, ¡corazón de guijarro asentado en el mar!, ¡sed requerida y propia para los apartados! ¿Qué comodoro enano vino con la quimera —impuesta en su juanete—, a desgajarte en trozos y dotar su corona: que a distancia apetece dolores y comarcas para su hocico absurdo? Quien te nombra con flores quiere ceder su cuna y resguardar tu cuerpo para esa primavera en la que el pundonor camina por las pampas. ¡Qué recorran los cantos toda geografía que desprendes templada!, y que anillos del tiempo te devuelvan maciza, ganando el barlovento!

Soneto a un Muslamen

Suculento muslamen avanzado, que guardas la impresión que se sabe; con violento barniz desesperado enseñas primavera infiel y grave. Ninguna lobreguez presenta el gesto, y los cactos no logran darte espina; ocurre mediodía, en torno al puesto, cuando asomas bravura femenina. ¿Qué sucede, inmediato, a tu custodia, pues nunca manifiestas el misterio, solo cuando se canta la rapsodia, o cuando emborracha el sahumerio? ¡Enséñate muslamen, cuando ganas  la visión enfrentando las ventanas!

A un Bigote

Al modo de un soneto satírico de Quevedo, pero más risible. Érase un gafo con bigote ahincado, érase tal bigote conflictivo, érase tal bigote ignaro y *vivo, érase un bagre hediondo mal rapado. Era un **cazabe exiguo muy tostado, era un zapato de cordón nativo, érase un **cunaguaro pensativo, era ****Vicente Gómez más gastado. Érase largas pencas de palmera, era un cuesco mordido del *****jobito, el cacicazgo de bigotes era. Érase un bigotudo chiquitito, mucho bigote, cerda tan breguera que el hocico de Castro diera el grito. *Persona de malas mañas o costumbres. **Es un pan ácimo, crujiente, delgado y circular hecho de harina deyuca, este se asa en un budare, comal o a la plancha. ***Es una especie de mamífero carnívoro de la familia Felidae. Es un felino de hábitos nocturnos propio de los bosques tropicales de América Central y América del Sur ****Fue un dictador venezolano que, como tal, gobernó de manera autoritaria a su país desde 1908 hasta 1935. *****diminutivo para jo...

Cierro Mis Ojos

Cierro mis ojos torpes y apareces cual pájaro, campesina del astro que solo se interpreta con tus dedos, promueves la mazorca que cruje con destreza y las óptimas fresas en la altura del pecho te proclaman. Que nada me separe de este acontecimiento pudiéndome alejar de la cama a la calle, o dándome el camino directo hacia el desvelo, o al desengaño inútil sin tu cuerpo soñado. Mi marcha se dirige al convite del punto que originas con astucia y que con marca fúlgida se diera al infinito su trayecto. No me liberaré para que me abandones, no extenderé mis ojos para destituirte y tachar el delirio en el que te he dispuesto.

Asomaste en mis ojos y supe otras naranjas

Asomaste en mis ojos y supe otras naranjas, los abismo menguaban y el trigo tuvo altura. Cuando fuiste a mis ojos, mis días, como árboles se ordenaron, tejiendo ramajes y comarcas. Como un amanecer sin la nostalgia alzaste, y los pájaros verdes volaron en tu pelo. Nada en esa semana fue fiel y categórico; los ríos te trajeron su flauta ribereña. Con tu lluvia impensada surgieron las semillas que calienta la tierra, alegrando la siembra que fatiga los brazos de pobres campesinos. No quise devolver la rigurosa incógnita surgida en tu expresión por mis manos inertes. Distinguiste mi cama perfeccionando el rito.

De tus manos sangrantes surgieron otras gemas

De tus manos sangrantes surgieron otras gemas que los mineros duros quisieron recoger, dejando las canteras con sus bostezos largos negando algún secreto por nadie conocido. De la frondosidad de árboles y arbustos le dieron al viajero la sombra necesaria para helar su fatiga por tanta marcha usual; florecida del agua que entristece tus ojos. De tu enojo y cansancio callaste la calumnia y desde ese tiempo el elogio y la estima se volvieron medallas para los beneméritos. Todo lo natural que resulte de ti es productivo y fértil y adecuado a las cestas, pero si tanto aflige ocúpate en mis brazos.